El encuentro de dos gastronomías usualmente deriva en platillos únicos y llenos de sabor. En este caso, la cocina peruana – elegida por seis años consecutivos como la mejor del mundo por los World Travel Awards – se fusionó con ingredientes y técnicas gastronómicas japonesas bajo la visión creativa de Ronal Bautista, chef de Yakumanka, en Deigo, uno de los restaurantes japoneses más tradicionales en la Colonia del Valle desde hace más de 20 años.

La noche en este íntimo rincón de la CDMX, liderado por el chef Yoshitake Yanagi desde el 2013, inició con un refrescante cóctel de bienvenida diseñado por Clau Cabrera, head bartender de Kaito, el karaoke ubicado en el segundo piso del restaurante. Esta preparación con sandía, frutos rojos, pisco y licor de Angostura fue creada especialmente para el evento y fue una excelente introducción a lo que nos deparaba la noche.

El clásico ceviche peruano adornado con frituras de calamar abrió como primer tiempo en este takeover y el chef Ronal nos sorprendió al agregar un toque de chile cuaresmeño a la leche de tigre, salsa que da vida al platillo. Enseguida disfrutamos un tiradito de erizo y callo garra de león, aderezado con chalaca y leche de tigre; el delicado balance de sabores en este plato fuera de lo común nos sorprendió por la curiosa textura del erizo, su sabor dulce y ligeramente amargo, y nos dejó listos para lo que seguía en la cena de seis tiempos.

En tercer lugar, y como el ejemplo de fusión de sabores más contundente de la noche, probamos una pesca nikkei en una salsa dulce de mirin, sake, vinagre de arroz, soya y salsa de ostión acompañado con arroz chaufa.

Servido sobre un cremoso puré de papas y acompañado por alcaparras recibimos un anticucho de pulpo que, en palabras del chef Bautista, “se encuentra en cada esquina de Lima y lo venden las señoras, casi como en México encontramos los puestos de tacos”. El anticucho puede hacerse con diferentes pescas o cortes, pero el tradicional limeño se prepara con corazón de res.

El platillo estrella de la noche fue un sukiyaki con finas tiras de wagyu que nos dejó sorprendidos por la textura de la carne, localmente producida al igual que la mayoría de los ingredientes. La combinación del dulce sabor del corte y la acidez del tomate en la salsa del sukiyaki resultaron en un plato fuerte contundente y con mucha personalidad.

No podía faltar el postre: helado a elegir de mango con wasabi o de chocolate Turin. Ambos sabores fueron el cierre perfecto para una experiencia única de la mano del chef Ronal Bautista. Asimismo, tuvimos la oportunidad de conocer a los dos chefs responsables de la barra fría, quienes sirven hasta 60 diferentes tipos de pescado fresco durante el año – en su mayoría producidos nacionalmente, para satisfacer los gustos de los visitantes de Deigo, siempre con gran respeto a las recetas típicas que caracterizan a este restaurante desde su fundación.

Toda la cena estuvo maridada con el suave sabor de Kikusui, el sake de la casa – frío o caliente de acuerdo con el gusto de cada comensal. Cada detalle fue cuidado minuciosamente para brindar a los invitados una velada inolvidable y llena de sabores que demuestran que la tradición puede convertirse en una experiencia gastronómica totalmente novedosa.