Pensar en todos la tibieza que recorre el cuerpo después de probar un buen vino riojano, me reafirma el cariño que les tengo. Con sus tintos, blancos, rosados y hasta espumosos, se tienen opciones para maridar con una gran diversidad de platillos y de momentos, además de que son seductores cómplices en momentos especiales, divertidos compañeros en reuniones, y la fórmula mágica para transformar cualquier momento en una ocasión muy especial.

Adentrarse en el mundo de los vinos riojanos, es dejarse seducir por los tesoros de la D.O.Ca Rioja, que a través de su historia, paisajes, uvas autóctonas y vinos exquisitos, nos envuelve en un halo de sensaciones placenteras. En esta hermosa zona de España, con su combinación de clima mediterráneo y continental, se tienen las condiciones necesarias para que las uvas crezcan ricas, dulces y jugosas, perfectas para producir vinos apreciados en el mundo por su excelsa calidad. En sus tierras fértiles, las hojas de las vides regalan al horizonte una paleta de colores, tan delicados como los aromas sutiles de sus vinos.

Desde la selección de las uvas hasta su embotellamiento, por su minuciosa elaboración y estrictos controles de producción, junto con la pasión de los bodegueros, han llevado a la Rioja a ser la primera Denominación de Origen Calificada de España, y una de las Denominaciones de Origen del mundo que ofrece mayores garantías respecto a la autenticidad de sus vinos, y una de las pocas que exige el embotellado de origen en toda su producción.

Con tan sólo abrir una botella, podemos visitar la famosa DOCa Rioja sin tener que estar ahí presentes, pues al distinguir en sus vinos las esencias de su cepa y de su bouquet, evocamos el aroma del campo, de los viñedos, de la tierra, de las bodegas y de las barricas de las bodegas riojanas. Con tantas cualidades, no es de sorprender que haya un pedacito de Rioja en cada uno de sus vinos para sorprendernos.

Uno de los grandes vinos riojanos son los blancos, que cada vez más cuentan con una mayor cantidad de adeptos. Tal es el compromiso con los vinos blancos, que de las 65.000 hectáreas de viñedo plantadas en Rioja unas 6.000 son de variedades blancas, y la uva estelar es la tempranillo blanco, una variedad autóctona de la que hay plantadas unas 700 hectáreas. Las otras grandes variedades blancas son Viura, Malvasía, Garnacha blanca, Maturana blanca, Turruntés, Verdejo, Chadonnay y Sauvignon Blanc. Su éxito radica en que son tanto vinos complejos como ligeros, afrutados y menos formales, logrando satisfacer el gusto de todos los consumidores. Son vinos sutiles y fragantes, de coquetos colores brillantes, con notas frescas de hierbas aromáticas y mentoladas, o afrutados y cítricos.

Otros de sus vinos cada vez más queridos son sus rosados, una delicia que puede disfrutarse en cualquier temporada del año y a partir de uvas tintas como la tempranillo, garnacha tinta, graciano, mazuelo y Maturana tinta, o de una mezcla de uva tinta y blanca en las que se incluyen la Chardonnay, Sauvignon Blanc y verdejo. Son vinos joviales repletos de notas frutales y tan frescos como una tarde de verano riojana.

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