Todo el mundo sabe lo complicado y duro que es trabajar en la cocina. Todo el mundo sabe que esas jornadas interminables traen problemas con la familia y de salud. También, muchos conocen la relación de la cocina y el alcohol en el mejor de los casos, ejemplo; el suicidio de Anthony Bourdain y su testimonio en su libro homónimo.

Quiero hablar de el porqué lo hacemos, de porqué una persona se entrega y entrega su vida a una causa, en muchos casos ajena, pues trabaja para su empleador. Estoy hablando de una forma de vida, algo como un deporte de riesgo, algo que te provoca unos picos brutales de adrenalina, como cuando te enfrentas a un toro, sí a un toro. Esa adrenalina que corre tu cuerpo cuando son las dos de la tarde y sabes que van a entrar cien personas, y que las dos próximas horas no podrás ni pestañar, que las comandas de sala entrarán en paquetes de cinco, y que tu equipo o familia como le llamamos, confía en ti y en tu experiencia, que darán todo su esfuerzo y arrojo para sacar las castañas del fuego.

Solo quiero dar a conocer mi mundo y el de mis compañeros. Llevo 31 años de trabajo, pero a diferencia de otras personas, no he disfrutado casi ni un verano. Y aunque durante 10 meses seguidos y no descanso los fines de semana, soy feliz cuando estoy cocinando, cuando un cliente felicita y dice “Pronto Volveré” o cuando sientes las ganas de saber más cada día, cuando solo lees recetas y criticas gastronómicas, cuando despiertas con una idea nueva para un plato y o la certeza de que te falta pollo en la nevera, es que has hecho el inventario mientras dormías y creaste algunas recetas en sueños.

Lo siento mucho por las personas que trabajan en algo que no les gusta, en algo por necesidad, que les cuesta cada mañana levantarse y entrar a su infierno personal. El cocinero por vocación, va a ese infierno de calor, vapores y estrés con las ganas del primer día, con la incertidumbre de qué me encontraré, y muchas veces con una idea nueva para impresionar y o satisfacer a su clientela.

En la antigüedad los cocineros se guardaban las recetas y técnicas, no enseñaban a sus ayudantes para que no les quitaran el empleo. Eso ya cambió, ahora todos los cocineros profesionales somos formadores, tenemos el deber de preparar las futuras generaciones y el relevo, los programas de cocina realizado por cocineros y cocineras son muchos y variados, todos con éxito de audiencia, todo esto no es una moda, es la evolución de un arte, la cocina es un arte y forma parte inseparables de la historia de cada región, país o continente.

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La evolución es imparable, los viajes gastronómicos, las visitas a bodegas de vinos con cata y maridaje incluido, los congresos, concursos y cumbres internacionales se suceden. Cocineros famosos crean ONG’s para paliar la hambruna en lugares asolados por desastres naturales, José Andrés es el mejor ejemplo. La salud está ligada inseparablemente con la forma de alimentación, los tratamientos médicos son complementados con dietas específicas, con menú equilibrado y balanceado.

Como dije al comienzo de esta nota, ser cocinero es una persona que se entrega y entrega su vida a una causa.

 

*Cocinero y Formador

“Quiero hablar de el porqué lo hacemos, de porqué una persona se entrega y entrega su vida a una causa, en muchos casos ajena, pues trabaja para su empleador”.