Hay historias de la vida real que nos conectan con la fantasía, como la de Almaviva. Su historia comienza, como los cuentos de hadas, con un miembro de la nobleza y un romance. La pasión de la Baronesa Philippine de Rothschild, Presidente del Directorio Asesor de Baron Philippe de Rothschild S.A., era compartida por Don Eduardo Guilisasti Tagle, Presidente de Viña Concha y Toro S.A., quienes se unieron para crear una obra maestra: un vino Premium Franco-Chileno excepcional: Almaviva.

 

“Es un gran vino que merece una gran comida, como carnes asadas a la parrilla o platos de caza”.

 

Su nombre fue inspirado por el Conde Almaviva de Las bodas de Fígaro, obra del genio de la música, Mozart; el simbolismo de su etiqueta parte de la cultura Mapuche, y representa la visión de la tierra y el cosmos, además de que incluye el kultrun, un tambor ritual.

Más que un vino, Almaviva es un sueño que se vive con los ojos abiertos, es un objeto de placer que se saborea con todos los sentidos, es la historia de un romance universal que no conoce de fronteras. Bordeaux aportó los conocimientos técnicos de vinificación, sus tradiciones y sus variedades clásicas, como Cabernet Sauvignon, Carmènere y Cabernet Franc, mientras que Chile dio las condiciones ideales para que las uvas sean dulces y jugosas. Se cultivan en 65 hectáreas de viñedos en la parte más alta del Valle del Maipo, en la zona central de Chile, en Puente Alto.

Almaviva es una invitación para disfrutar los momentos que nos generan precisamente el deseo de tener un alma ávida por vivir, por tener experiencias, por compartir momentos irrepetibles, y por tener una sonrisa al final de cada día. Es un gran vino perfecto para acompañar las comidas y reuniones importantes. La añada 2016 nos regala un bouquet de aromas a frutas rojas y bayas, como la frambuesa y zarzamora, con notas de caramelo y café, que se integran con un romántico color rojo rubí profundo, intenso y brillante.

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Elegante y sedoso, es un vino que aguardó pacientemente durante 16 meses en barricas nuevas de roble francés, antes de salir al mundo a robar suspiros. Es un gran vino que merece una gran comida, como carnes asadas a la parrilla o platos de caza. Para disfrutarlo hay que hacerlo con los sentidos del cuerpo despiertos, pero también con la mente dispuesta a caer rendida ante nuevas emociones.

Basta con descorchar la botella para iniciar un ritual de conquista: lentamente se sirve en la copa Riedel para apreciar a través de su cristal transparente el sensual color rubí. Beberlo es como tomar un sorbo de vida que inunda el cuerpo, y que nos hace pensar que los cuentos existen y que nosotros somos los protagonistas.

 

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“Su nombre fue inspirado por el Conde Almaviva de Las bodas de Fígaro, obra del genio de la música, Mozart”.