Son muchas las ciudades que he conocido en los cinco continentes, infinidad de platillos han cautivado mi paladar, imponentes formaciones naturales han desfilado antes mis ojos, pero en ningún lugar es como Rioja, la primera Denominación de Origen Calificada de España. La región es famosa por sus campiñas de colores estacionales, verdes en primavera y ocres en otoño, por su rica gastronomía, y principalmente, por los viñedos que, junto con las Montañas de Cantabria y el valle del Ebro, crean un paisaje quimérico a donde sea que se voltee la mirada.

 

“La DOCa Rioja es un mosaico de sensaciones que se descubren con los sentidos pero que se guarda en el corazón”.

 

Monumentos, puentes de piedra, palacios, iglesias, Rioja tiene todo ese patrimonio y mucho más, pero su mayor atractivo es el vino y todo lo que le rodea. La historia de los vinos riojanos empezó, como todo en esta vida, con el agua, en este caso con el agua del río Ebro, el más caudaloso de España, y que es el punto de partida de la producción vinícola de la DOCa Rioja. De las montañas se desprenden siete ríos que desembocan en el Ebro, creando a su vez siete valles. Cada valle es un ensueño, con pueblos medievales, casitas pintorescas, bodegas tradicionales y modernas, naturaleza salvaje, y por supuesto viñedos, donde se producen los mejores vinos de España y muchos de los mejores del mundo.

Cualquier amante del mundo encuentra en Rioja un paraíso, y a quienes no les gusta tanto tienen muchas razones para cambiar de opinión. Visitar esta región de España es estar dispuesto a aprender y a vivir la cultura del vino, bebiéndolo, maridándolo, participando en las vendimiasy en las actividades de cada bodega, además de acudir a eventos como la Batalla del Vino, o visitar el Museo Vivanco de la Cultura del vino.

Después de aprender todo sobre el complicado procedimiento de la creación del vino, llega el momento de maridar los platillos tradicionales con algunos de los cientos de vinos que se producen en la región. No importa qué tan sencillo pueda lucir un platillo, en Rioja el ingrediente más común adquiere un sabor extraordinario. Las chuletillas de cordero al sarmiento se suelen asar al aire libre usando una parrilla prendida con ramas secas de vid y un chorro de vino, su sabor se integra perfecto con los aromas y sabores de Cune Gran Reserva, que a su paso por el paladar deja sensaciones de equilibrio y redondez con un agradable final de boca.

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El clásico bacalao riojano, preparado con tomate, cebollas, ajo, pimiento rojo, pimiento verde y aceite de oliva, marida con el atractivo Oinoz crianza de Carlos Moro. Su atractivo color cardenal oscuro con notables tonos violáceos, danza con el colorido del platillo, mientras que sus aromas frutales y florales entre notas especiadas, contrastan con la fiesta de sabores del bacalao. El Campillo blanco de uva Viura, es complejo con notas florales y a fruta madura, en el fondo matices de madera bien integrada, por su paso en barrica, marida prefecto con las Pochas con codornices, preparado con alubias blancas, tomate, cebolleta y pimientos.

La DOCa Rioja es un mosaico de sensaciones que se descubren con los sentidos pero que se guarda en el corazón, es mágica, histórica, desbordante de vida y de pasiones. Para recordarla, basta con descorchar una de sus botellas de vino y beber a sorbos su belleza.

 

“Cada valle es un ensueño, con pueblos medievales, casitas pintorescas, bodegas tradicionales y modernas, naturaleza salvaje, y por supuesto viñedos”.