Acapulco, nuestro gran imaginario del mar y puerto de felicidad y paraíso turístico, donde desde hace 25 años se da cita la experiencia del deporte arte del tenis internacional.

Arte /Tenis, la Danza del Espejo, consigna un ensayo gráfico desde la rapidez que supone la foto digital y la velocidad del tenis. La imagen lograda, entre mil, en sí misma correspondería a una noticia, es un “momento decisivo”, momento imposible, definitivo, como estipula el gran fotógrafo francés, documentalista del siglo XX Henri Cartier-Bresson (1908-2014);  es un punto decisivo, en la jerga tenística, ese punto, donde se prefigura al ganador.

La fotografía atrapa al espectador en una geografía de superficies que encuadra la propia cancha, ese universo de verticales y horizontales, donde la pelota trasciende a su propia velocidad ignota en un promedio de 200 km/h. 

La  imaginación queda atrapada del Arte/ Tenis, una danza entre dos o cuatro jugadores, singles y dobles, damas y varones, que trascienden al propio juego y los coloca en el imaginario del espectador que se excita con el peloteo inteligente de aparente espejo multidimensional que es la cancha, donde se juega la victoria o la derrota, la victoria parcial,  aparente o definitiva. Un tablero de mil posibilidades y sola una jugada, la elegida en microsegundos, es la ganadora.

Así la imagen, el documento incisivo, definitivo, intenta ser la única posible fotografía entre las decenas de disparos que congelan la realidad aparente o la irrealidad imposible que captura la lente y catapulta digitalmente, imaginando lo que quedó fuera del gráfico. El ensayo de  imágenes intenta esa irrealidad del Arte/Tenis, la danza del espejo.

¿Cómo fotografiar la velocidad, cómo documentar la realidad del juego en que los jugadores en una batería de saques, reveses y derechas, dejaditas, hasta el límite del cansancio, tras dos o tres horas, a veces más, se imponen cuál prometeos y amazonas, al designo de uno solo: ganador o victoriosa?

El punto de partida del documentalismo gráfico, es el resultado de la objetividad y la realidad: ¿Para captar la velocidad del ”acontecimiento”, como bien describe Cartier-Bresson, para contar una historia, “hay que estar preparados como en el tenis”; gran metáfora que aplica el documentalista para hablar de la velocidad del momento, documentalistas cual tenistas, pues la velocidad alcanzada de la pelota puede sorprender en cualquier desatención, así la fotografía deportiva, como cualquier tipo o género de foto, es “documento histórico cuando va más allá del instante fotografiado”, recapitula Cartier-Bresson.

GALERIA

La elegancia del Tenis, su cultura y civilización, el no contacto entre jugadores y la posterior felicitación del derrotado al ganador, mediante el saludo de mano al término del juego, así como la hipervelocidad que alcanza la pelota y en alternancia, incluso por minutos, en largos peloteos a velocidades promedio de 150 km/h., que no  alcanza ningún otro deporte en un enfrentamiento cara a cara, de grupo o individual, lo presupone como el deporte del futuro, pues en  su reto deportivo, cada vez más veloz, y en su reto estético cada día más preciso, constituye un inequívoco signo de civilización, cultura, convivencia y arte deportivo.

Paradójicamente, lo estrictamente deportivo, no le determina su verdadera esencia: la inteligencia y el efecto espejo entre jugadores, quienes se mueven en compases definidos ante el movimiento del otro, en una danza ante el espejo, del otro y de sí mismo, jugando por momentos ante sí mismos e intentando intimidar y desprenderse del otro, superándolo y sometiéndolo a su audacia: Arte/ Tenis, la Danza Del Espejo, intenta desde la narración gráfica del ensayo congelar la velocidad imposible de la pelota que rebota endemoniadamente.

Así como conseguir en la disruptiva de las horizontales y verticales perfectas de la cancha la estrechez del cuadro de la cámara, que limita y expande, corta y perfila, esconde y encuentra, lo de afuera y lo de adentro de la foto.

Acapulco/Felicidad

Es nuestro mar primario y primigenio, sinónimo de felicidad. Somos Acapulqueños, sobre todo, los citadinos. Su olor, su calor, sus playas nos inocularon por siempre. Después del Acapulco de las estrellas del celuloide y el glamour de los años 50s, 60s y 70s, del Acapulco de los festivales, del Tianguis Turístico en su retorno, la batuta la tomó hace XXV años el Abierto Mexicano de Tenis, el deporte arte más glamuroso y hermoso del planeta donde ambos sexos participan por igual.

Cine, música, danza, tenis, los exóticos atardeceres, el Acapulco de noche, la bahía más conocida del mundo.