Durante décadas, Myanmar se encontraba fuera de la mira de los viajeros. Hoy en día, sigue siendo un destino turístico exótico e intacto donde el paisaje está salpicado de templos dorados y donde prevalecen las arquitectura tradicional birmanas, aunque cada día más viajeros se están percatando de las maravillas de este misterioso país.

 

“Los techos rojizos del Hilton Mandalay imitan la hermosa arquitectura de la zona y su alberca, única en su estilo en la ciudad, nos hace sentir como realeza misma”.

 

Mandalay es la ciudad más importante de la parte alta de Myanmar, antes conocida como Bimania. Mandalay: el mismo nombre evoca los esplendores de la antigua Birmania. Curiosamente, Mandalay no es una ciudad antigua, ni siquiera medieval, sino una nueva ciudad que fue creada por el rey Mingdon Min de Birmania en 1857 como la nueva capital del reino de Ava. Sólo dos reyes birmanos gobernaron desde allí, el rey Mingdon y el rey Thibaw, antes de la conquista británica de la Alta Birmania en 1885.

En junio de 1857, el antiguo palacio real de Amarapura fue desmantelado y trasladado por elefantes a la nueva ubicación al pie de Mandalay Hill, aunque la construcción del complejo del palacio se completó oficialmente dos años después. Durante los siguientes 26 años Mandalay fue la última capital real de la Dinastía Konbaung, el último reino independiente birmano antes de su anexión definitiva por el Imperio Británico.

Ubicado en cuatro acres de hermosos jardines que nos hacen sentir fuera de la ciudad, el hotel Hilton Mandalay ofrece una ubicación privilegiada frente a Mandalay Hill y el majestuoso Palacio Real. A sus pies el foso artificial que rodean a las antiguas murallas del palacio refleja en sus aguas la luz del atardecer, creando un momento de magia. Esta impactante vista me deslumbraba desde mi maravillosa suite, donde el lujo y la comodidad fueron constantes.

Los techos rojizos del Hilton Mandalay imitan la hermosa arquitectura de la zona y su alberca, única en su estilo en la ciudad, nos hace sentir como realeza misma. Por la noche su peculiar iluminación crea un bello juego de luces, donde parecía que el agua misma se alumbra.

Recientemente renovado, el hotel luce un diseño de elegancia sutil y belleza refinada que captura lo mejor de la sofisticación de la prestigiosa cadena hotelera Hilton y lo más intrigante del estilo birmano de decoración. Su precioso restaurante principal, donde se gocé de un desayuno inigualable, tiene toques de madera obscura y artesanía típica de la zona que lo hace verdaderamente único.

A pocos minutos del hotel en un divertido viaje en tuk-tuk –una motocicleta con tres llantas típica del sudeste asiático– nos lleva al monumento más conocido de Mandalay: la pagoda Kuthodaw. Este hermoso monumento blanco es, impactantemente, el libro más grande del mundo. Cientos de tabletas con inscripciones en Pali, el idioma sagrado del budismo, recitan las enseñanzas de Buda. Cada una se encuentra en un pequeño templo blanco que rodea la pagoda dorada principal del conjunto.

“Mandalay es la ciudad más importante de la parte alta de Myanmar, antes conocida como Bimania. Mandalay: el mismo nombre evoca los esplendores de la antigua Birmania”.