Viajar… es una palabra corta en la que cabe el mundo entero. No importa su definición en el diccionario, para quienes somos viajeros significa libertad, es traspasar las fronteras físicas pero también las culturales, es, en fin, descubrirnos a nosotros mismos en cada paso del camino.

 

“No hay nada más seductor y esclavizante que la vida humana en el mar” Joseph Conrad.

 

Ya sea que busquemos satisfacer la curiosidad por sentir un clima diferente, deslumbrarnos con paisajes imponentes, aprender de otras culturas, experimentar la vida con un idioma desconocido, dejarnos llevar por actividades de aventura, consentirnos con tratamientos de spa y de salud, o simplemente dejarnos sorprender por la celebración de la vida, los viajes dejan su marca indeleble en los corazones, especialmente si los hacemos en compañía de Belmond.

Belmond es una colección global de excepcionales aventuras de viajes de lujo y hoteles en algunos de los destinos más estimulantes y enriquecedores del mundo, y adaptándose a los deseos de los que amamos viajar y recorrer el mundo en trenes, bicicletas, elefantes y cruceros de lujo.

La travesía mágica con Belmond road to Mandalay inicia en Bagan Taung Be y termina en Mandalay ShweKyet Yet. A bordo de este crucero recorremos el río Ayeyarwady y Chindwin en Myanmar, destinos tan mágicos y sorprendentes.

Bagan es una de las ciudades más visitadas y bellas de Myanmar, pues además de ser uno de los grandes sitios históricos del sureste asiático, tiene más de tres mil templos que llenan de vida los corazones y las orillas del río, la gran mayoría construidos entre los siglos XI y XIII.

Desde su enorme cubierta, el paisaje cambiante nos regala las vistas a esculturas enormes de Buda, testigos imperturbables del paso del tiempo en esta tierra mística y de abundante vegetación. Cada día hacemos descensos para descubrir las maravillas arquitectónicas,  ya sea que recorramos los senderos de Old Bagan en bicicleta de montaña o a caballo, para ver las zonas arqueológicas, templos y sonrisas de los habitantes, acompañadas de paisajes verdes y recibimos las primeras luces del amanecer desde las alturas de un globo aerostático, mientras los rayos del sol iluminan las pagodas doradas como la Sulamani del siglo XII, además de ver los campos de cultivo de cacahuate, ajonjolí y frijol.

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Nos decía Mark Twain: “Dentro de 20 años estarás más decepcionado de las cosas que no hiciste que de las que hiciste. Así que desata amarras y navega alejándote de los puertos conocidos. Aprovecha los vientos alisios en tus velas. Explora. Sueña. Descubre”.

Y  para explorar y descubrir y no perdernos ni un solo detalle durante el viaje, el crucero embarca por las noches ya sea en medio del rio o en algún puerto cercano, dejándonos descansar con el suave vaivén de las olas. Además de los paisajes y las visitas a tierra firme, la vida a bordo del crucero es una sinfonía de sabores: después de nadar en la piscina tomamos un refrescante coctel, probamos los platillos representativos locales, cenamos bajo el cielo estrellado en la cubierta de observación, nos emocionamos con el espectáculo de danzas tradicionales. y nos relajamos con la música en vivo del Piano Bar.

W. belmond.com

“En mi caso, no viajo para ir a un lugar en particular, sino por ir. Viajo por el placer de viajar. La cuestión es movernos”, Robert Louis Stevenson