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Rioja a Bocados

Hay una frase que reza que si no puedes comerte el mundo de un bocado, sí puedes darle mordiscos… y llenarte lentamente de sus sabores. Pocos placeres son tan grandes como el del maridaje de

Hay una frase que reza que si no puedes comerte el mundo de un bocado, sí puedes darle mordiscos… y llenarte lentamente de sus sabores. Pocos placeres son tan grandes como el del maridaje de una buena comida con un excelente vino, que despierte en nuestro interior una sinfonía de sensaciones.

 

«Podría parecer difícil de creer que algo tan cotidiano y aparentemente simple, como los tacos de pollo, se mariden con vino tinto».

 

Rioja transfiere a sus vinos el espíritu de la perfección de su tierra y su clima, que los hace ser especiales a nivel nacional y referentes de calidad internacional. Sus vinos abarcan desde los ecológicos hasta los modernos y clásicos, siempre con una personalidad muy marcada y definida, coquetos para los sentidos y completos para los amantes de las cosas bonitas de la vida.

Al igual que los grandes conocimientos, el arte de saber beber vino se aprende con la práctica, pero de forma muy divertida, probando diferentes uvas y añadas para descubrir cuál es nuestro favorito y con qué platillo se lleva mejor. Entre las muchas bondades de los vinos riojanos está su versatilidad, pues lejos de cualquier estereotipo son vinos que se llevan muy bien con platillos de la cocina mexicana, por supuesto, con los sabores españoles, y mejor aún, con la cocina criolla que une lo mejor de los dos países.

El clásico bacalao, cuyo sabor peculiar es recurrente en grandes celebraciones, se marida con un vino crianza. La mezcla de las papas, chile ancho, ajo, pimienta, jitomate, aceituna, cebolla, pimientos, aceite de oliva y el toque ligeramente salado del pescado,  se unen de forma perfecta con el atractivo Oinoz crianza de Carlos Moro. Su atractivo color cardenal oscuro con notables tonos violáceos, danza con los colores del bacalao, mientras que sus aromas frutales y florales entre notas especiadas, contrastan con la fiesta de sabores del bacalao. Después de dejar el plato vacío, el vino nos deja una boca amplia, elegante y suave, con una agradable y larga sensación final.

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Podría parecer difícil de creer que algo tan cotidiano y aparentemente simple, como los tacos de pollo, se mariden con vino tinto. Este sencillo clásico adquiere un giro diferente cuando una copa de vino se levanta junto al plato, y más cuando es un  Faustino Crianza. El colorido de los tacos de pollo con lechuga, rábanos y jitomates coquetean con el brillante color rojo cereza del vino, en tanto que el ligero toque de ajo y pimienta se integra con los ligeros tostados de madera, especias dulces, matices balsámicos y vainilla, con aromas de frutas negras maduras. El sabor del queso, guacamole y chiles, se integran con la entrada potente y fresca del vino, logrando una sensación envolvente y equilibrada.

Para la hora del postre, las copas de higos al café integran el vino tinto en su magia. Higos, canela, azúcar, vino y café, son suficientes para robarse suspiros y conocer otra faceta de los vinos. Valenciso, elaborado con uva Tempranillo, logra un balance entre la fruta y las notas que obtienen en su paso en barrica de roble francés. Su sabor elegante llena a este postre y a la boca con un sabor sublime y con la particular carga aromática de la cepa insignia española.

 

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W. riojawine.com

«Rioja transfiere a sus vinos el espíritu de la perfección de su tierra y su clima, que los hace ser especiales a nivel nacional y referentes de calidad internacional».

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