Hablar de maridaje es tan amplio como la imaginación y el gusto lo permitan, y para que sea satisfactorio, hay que partir del punto de que si nos gusta entonces es el ideal, pero también hay que contemplar otras características que influyen en el aspecto sensorial, y que se basan por supuesto en las cualidades del vino, pero también del ambiente que nos rodea mientras se toma. A través de esta unión de factores, se transmiten y se descubren emociones que perduran más allá del momento que se pasa en  la mesa.

 

“Las notas del tequila son tan profundas como la emotiva música de violín de Itzhak Perlman, que fuese el soundtrack de la película premiada La lista de Schindler”.

 

La sofisticada elegancia y calidez del King Cole Bar, dentro del St. Regis Mexico City, es un cautivador oasis urbano donde se despiertan los sentidos, la pasión por la gastronomía y el placer del bon vivant. Su decoración con paredes y pisos de madera, alfombras y detalles en verde oscuro, nos remiten a la nostálgica elegancia de antaño, y por su tranquilidad, podemos pensar en los momentos más importantes de la vida. Mientras se toma un coctel preparado con el tequila Volcán De Mi Tierra,  la más icónica de las bebidas mexicanas, leo  la Novela de Ajedrez del prolífico escritor Stefan Zweig, una analogía de la vida en la que el ajedrez, el juego que pertenece a todos los pueblos y a todas las épocas, es el medio para descubrir que sólo la persona que ha experimentado la luz y la oscuridad, la guerra y la paz, el éxito y  la derrota, es quien ha experimentado el valor de la vida. Las notas del tequila son tan profundas como la emotiva música de violín de Itzhak Perlman, que fuese el soundtrack de la película premiada La lista de Schindler.

La champagne Taittinger Prelude Gran Crus es la materialización del arte en un cosquilleo. Sus sabores a intensos cítricos frescos, melón, duraznos y suave jarabe me recuerdan la vibrante vida de Londres y a la intensidad del amor. Nada hay lugar más representativo de la elegancia londinense que el bar del The Ritz London, que con más de 110 años de existencia es el hotel favorito de miembros de la realeza, aristócratas y estrellas de cine, ha sido reconocido por el Príncipe de Gales con una Royal Warrant. Con su decoración estilo Luis XVI revivo la historia de la relación tormentosa que viven dos amantes durante cuatro décadas, plasmadas en las páginas de Travesuras de la niña mala, del escritor Vargas Llosa, una novela tan caprichosa como las burbujas del champagne escapando de la copa, o como la melódica voz de Adele mientras interpreta Skyfall.

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La sensualidad del tango no conoce fronteras, y lo mismo se disfruta en las páginas de un libro que en la histórica China. En la habitación de Banyan Tree Shanghai, la fragancia delicada del tinto Lunta Malbec le da sabor a la novela de Arturo Pérez Reverte, que en El tango de la guardia vieja narra la historia de una pareja que se mira a los ojos al bailar un tango aún no escrito, en el salón silencioso y desierto de un transatlántico que navega en la noche.  En su ambiente moderno, decorado con luces de colores y con vistas a la próspera ciudad, la voz profunda y potente de Andrea Bocelli y Sara Brightman, en su famoso dueto Time to say goodbye, se torna tan sensual como los movimientos envolventes del tango, y como las características del amor verdadero que se sorben en los vinos Mendel.

El vino y el arte son uno mismo, y hacen que, como nos cuenta Xavier Velasco en su Diablo guardián, nos enamoremos de las historias, a veces hasta en contra de lo que podríamos considerar el buen juicio. Aunque él ya no vuelve a leerlas, me encanta releerlas en lugares tan mágicos como Rosewood Beijing con la intensidad de la música del violín de David Garret, mientras interpreta Vivaldi vs Vértigo. Para esta combinación de arte visual, auditivo y sensorial, no hay nada más atinado que beberse la historia, la que se captura en los vinos de Bodegas Portia, que como si fuesen lienzos, son una sublime diversidad de texturas y colores, y qué mejor lugar que este hotel, donde el orgullo ancestral se abre como un camino sin fronteras.

“La sofisticada elegancia y calidez del King Cole Bar, dentro del St. Regis Mexico City, es un cautivador oasis urbano donde se despiertan los sentidos, la pasión por la gastronomía y el placer del bon vivant”.