No hay lenguaje más universal que el del amor por el vino, el eterno cómplice de satisfacciones en los momentos más significativos. A los vinos los amamos no porque sean necesarios para la vida, simplemente por el gusto que nos generan. Nada como sumergirse en las sensaciones que produce un vino para descubrirlo, y dejarse seducir por la manera en que juguetea en el paladar. Para entenderlo, no es necesario atarse a la teoría ni ser un experto, simplemente hay que ser estar abierto y sensible para interpretarlo, como si se tratara de un nuevo amigo al que acabamos de conocer y al que deseamos dejar entrar en nuestra vida.

 

“La producción inicia con la dedicada selección de las mejores uvas y con una curiosidad constante, por lo que no dejan de reinventarse y de sorprendernos”.

 

Hay distintos estilos de vinos que por sus características se adaptan mejor a cada situación, pero los vinos de Grupo Faustino me encantan porque son aptos para toda ocasión. Son parte de la historia, de aquella que ha acompañado al hombre en sus fiestas y sus alegrías. En un camino labrado con el placer que brinda la satisfacción de la excelencia, ha logrado que sus vinos Campillo, Portia y Faustino trasmitan desde 1861 sus tradiciones y en su proceso se fomenta la innovación, alcanzando un mismo objetivo: la producción de grandes vinos.

Así como cada persona es diferente, cada vino también lo es y cada uno merece su propio espacio, por eso son vinos capaces de evocar un torrente de sensaciones físicas y anímicas, aptos para todos los sentidos. Dentro del enorme y generoso universo de la vitivinicultura, son vinos que se viven como piezas de arte llenas de colores y aromas, formadas bajo la perseverancia y el amor por lo bien hecho.

En este líquido placer se vuelcan esfuerzos y conocimientos para su producción y mejora, desde el cuidado de los viñedos y la construcción de sus bodegas y cavas, tiene su motor en las grandes pasiones, en las que como si fuesen una uva, nacieron de una pequeña semilla hasta crecer grandes y fuertes de generación en generación. La producción inicia con la dedicada selección de las mejores uvas y con una curiosidad constante, por lo que no dejan de reinventarse y de sorprendernos, por eso son resultado de años de investigación en el tipo de sustratos y de las uvas, en los cuidados que necesitan, en los procesos de producción y embotellado, y además, son muestra de que la excelencia en el sabor se acompaña de las mejores condiciones técnicas para la elaboración y crianza del vino.

Su Faustino I Gran Reserva 2005 fue galardonado con la Medalla de Oro en el Concours Mondial de Bruxelles 2017. Este vino es un orgulloso representante de la calidad de los vinos riojanos, pues la Bodega Faustino, localiza en Oyón, Álava, es una de las vinerías más prestigiosas del mundo. Su Campillo Gran Reserva reúne los procesos ancestrales, como el de la su vendimia realizada de forma manual en cajas de 15 kg, perfeccionados con modernos procesos, como el de su fermentación controlada a 28ºC en depósitos de 10.000 kg. con largas maceraciones. Su Portia Roble ha sido merecedor de la Medalla de Plata en la  International Wine and Spirits Competition, la Medalla de Plata Decanter Wine Awards, y la Medalla de Plata en el International Wine Challenge.

El paso de los años ha beneficiado a Grupo Faustino tanto como a sus vinos, embotellando no solo vinos de determinadas uvas, sino el placer embotellado por el tiempo. En cada una de sus tres etiquetas, Campillo, Portia y Faustino, el grupo ha logrado capturar pequeñas y particulares historias de una más grande, que es la que captura su esencia vitivinícola y empresarial.

 

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“A los vinos los amamos no porque sean necesarios para la vida, simplemente por el gusto que nos generan”.