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El Mejor Deportista de Todos los Tiempos

Roger Federer no solo es el mejor tenista de todos los tiempos, sino que se perfila a ser el mejor deportista de la historia.  No todos los deportes pueden ser de exhibición, pues la competencia se

Roger Federer no solo es el mejor tenista de todos los tiempos, sino que se perfila a ser el mejor deportista de la historia. 

No todos los deportes pueden ser de exhibición, pues la competencia se impone como el cáliz que da lustre al templo de la victoria. Muhammad Alí, Tiger Woods, Pelé, Michael Phelps, Nadia Comaneci, entre otros, rozaron la perfección alrededor de sus 15 años; pero, en términos de trofeos obtenidos y, sobre todo, de edad, con 36 años Roger Federer marca un antes y un después en la historia del deporte mundial.

Los nuevos prometeos, semidioses, que ofrecen la luz o el fuego a los hombres, están a punto de desaparecer. Las estrellas del celuloide, los superestrellas de la música, incluso los pensadores que reflexionan sobre el futuro de la humanidad brillan por su ausencia. Aquellos que con su arte (pues el tenis además de deporte es un arte, algo que no pasa con las demás disciplinas) inundan de alegría, felicidad e iluminan al mundo ante el éxtasis de la perfección y la belleza, el control mental, la precisión cuasi mágica y el alcance que en ellos, la humanidad, dispone su esperanza. 

Hay deportistas que inician muy jóvenes y terminan pronto. Fueron promesas o no llegaron a madurar. La lista es larga. Otros conocen la gloria, pero muy pocos, los imprescindibles, alcanzan la madurez y siguen sobre las canchas inundando con su arte que inspira. Tal es el caso de Su Majestad Roger Federer, como le gustan llamar los comentaristas por su elegancia y caballerosidad dentro y fuera de las canchas, quien, el pasado 23 de noviembre, brindó un partido de exhibición contra el alemán Alexander Zverev, ante 42 mil personas en la Plaza México

El duelo del año: The Gratest Match

El contrincante: Alexander Zverev, Sacha, de carácter beligerante, fuerte, al que vimos destrozar su raqueta en la final del Abierto de Acapulco 2019, tal y como lo ha hecho en otros torneos, ahora ante nuestras cámaras sedientas de una imagen única llena de pasión y coraje al captar el instante decisivo –como diría  Henri Cartier- Bresson, fotógrafo icónico del documentalismo del siglo XX–. Y así atrapábamos la imagen con nuestros lentes: Sacha, exigente consigo mismo, con gran inteligencia para salir de aprietos y con un poderoso servicio que, con la ayuda de los 2250 mts. de altura de la ciudad de México, lograra un récord de velocidad en sus servicios de 229 km/h. 

Antes, había lanzado su casaca cual capote al centro de la cancha en un acto muy taurino al arribar a la monumental, riendo y presumiendo sus tenis plateados, laqueados con aparente diamantina brillante, tal vez motivos aztecas, y que era la sorpresa que había anunciado en la rueda de prensa. 

La plaza era una fiesta y toda ella se cimbró con el juego de luces, digna del recibimiento de un Rockstar, en el ocaso del 23 de noviembre que quedará grabado en la memoria del mundo del tenis y seguro en alguna placa que dispondrán los organizadores. Su Majestad Roger Federer atrapando eternidad y dando una vuelta a la rectangular cancha en el ruedo, copeteado por un jardín de flores nochebuenas, y 42 mil gargantas vibrando.

En un juego que constituyó un bello peloteo, ahí estaba Roger con su fastuoso saque preciso a la T del cuadrángulo, ejerciendo su derecha hacia el vértice contrario y esgrimiendo su raqueta en su hermoso revés, abriendo el brazo hacia el infinito, cual paso de una danza ante el espejo; acción mariposa que eclipsa al contrario y que lo va dejando fuera de regresar cómodo la pelota. Federer y su servicio, sus dejaditas, sin despeinarse, como haciéndolo todo tan fácil, como verlo en televisión por años y ahora, en vivo, darse cuenta que su tenis tradicional conversa con el tenis moderno e impone una nueva tradición, un lenguaje elegante pero agresivo, para mantener a raya a todo el circuito desde hace más de una década.

Federer es el único jugador que juega a una sola mano, es decir nunca mete un tiro tomando la raqueta a dos manos, lo que eleva su efectividad, precisión y contundencia. Sus tiros de mediana velocidad llevan fuego porque su colocación muerde las líneas y regularmente son puestos ahí, donde el contrincante flaquea y se derrumba: todos tenemos un momento Federer, en Wimbledon, París, Merlbourne o Nueva York, contra Djokovic y Nadal: Los tres furiosos dioses del tenis que han derrotado al menos a tres generaciones de tenistas.  

Zverev se llevó el primer set, Federer el segundo, y la fiesta del deporte blanco los prohijó a exhibirse en su magnitud real en un tercer set. Los servicios de Zverev alcanzaban 229 km/h, debido a la altura de la ciudad y a que la cancha dura contribuía, Federer en varios servicios del alemán fallaba y así lo hizo saber a sus 42 mil fans: riendo, haciendo del espectáculo un teatro de sombras y de espejos. Ambos jugaron a jugar. Tal vez el peloteo preciso es la esencia del tenis, cuando los jugadores además de ganar el punto se soslayan de su propia rapidez. Victoria para su majestad en la Plaza de Toros por parciales de 3-6, 6-4 y 6-2.

Cuando el escritor más importante de las últimas décadas en los EUA, David Foster Wallace, autor de la monumental novela La Broma Infinita, aficionado al tenis, al grado de lograr para el New York Times la cobertura periodística de Wimbledon, sólo para ver a la leyenda de 25 años llamada Federer, y que logró captar la importancia de lo que bautizó como una experiencia religiosa, “el Efecto Federer”, en una de las crónicas más importantes del deporte blanco lograda en el OPEN USA 2005. Tal vez el partido donde Roger fundó un parteaguas epistemológico del tenis. 

Escribe Foster:

“Es la final: Federer sirviéndole a André Agassi en el cuarto set. Hay un intercambio de golpes de fondo en la media cancha, uno, con la distintiva forma de mariposa que ha sido referencia del juego moderno. Federer y Agassi tirándose de un lado al otro, cada uno tratando de ganar el punto (…) Hasta que, de repente, Agassi golpea un fuerte revés que atraviesa la cancha y empuja a Federer hacía su izquierda, y Federer la alcanza, pero el revés queda corto, un par de pies más allá de la línea de servicio, que, por supuesto, son la clase de cosas que Agassi cenaría.”

“Y lo que Federer ahora hace de alguna manera es, instantáneamente, dar marcha atrás el empuje y algo como saltar tres o cuatro pasos hacia atrás, con una rapidez imposible (…), con un efecto endemoniado y sensacional que pasa a Agassi a través de la red (…), un punto ganador y Federer todavía balanceándose mientras la pelota cae”

“Y pasa ese pequeño y familiar segundo de silencio estupefacto de la multitud neoyorkina antes de ovacionar y John McEnroe dice en televisión (suena más que todo para sí mismo), “¿Cómo vences a un ganador desde esa posición?” Y él tiene razón: dada la posición y mundialmente famosa rapidez de Agassi, Federer hubiese tenido que mandar esa pelota por un tubo de dos pulgadas de espacio para poder pasar a Agassi, cosa que hizo, moviéndose hacia atrás, sin tiempo y nada de su peso detrás del tiro. Era imposible. Fue como algo sacado de la Matrix”.

“Periodísticamente hablando, no hay nada nuevo qué ofrecer sobre Roger Federer. Él es, a sus 25 años, el mejor jugador de tenis vivo. Tal vez, el mejor de todos los tiempos”. Sentencia David Foster Wallace, quien inventa un nuevo periodismo en el tenis, de la mano del nuevo tenis de Federer.

Y ante el estruendo de la Plaza de Toros embistió con un atronador grito de furor: ¡Federer, Federeeeeeer! Y los miles ahí reunidos, con un nudo en la garganta, sucumbían ante la anhelada presencia del mejor deportista del mundo… y ante los ojos atónitos: su majestad estaba ahí.

Federer vs Los micrófonos

Abrió el intercambio de preguntas en un duelo de cien micrófonos contra su palabra, que cual raqueta maneja como un caballero. Duro, directo y elegante, con una sonrisa siempre, sin la presión de un campeonato en juego, sólo se dejó querer, “apapachar”, como decimos en México.  

¿Se espera que rompas otro récord en la Plaza de Toros?

“No estamos acostumbrados a estas sedes en el tenis, a jugar en un estadio muy grande de casi 50 mil personas, nosotros jugamos con 10, 15, 20 o 25 mil personas en un escenario, pero nunca lo hemos hecho ante tantas personas juntas, será un momento especial y un privilegio hacerlo en la Plaza México; está increíble, ya me urge estar ahí, quiero romper el récord de audiencia”.

¿Piensas en el retiro?

“He tratado de mantenerme tranquilo, no pensar en el retiro, quiero tener tiempo para relajarme hasta cierto punto”, argüía pensativo y alegre, a sabiendas de la retórica pregunta, mientras afuera del Hotel St. Regis, ante la desnudez de la Diana Cazadora, símbolo celebérrimo de la ciudad de los palacios, donde  descendía horas después del helipuerto sobre Paseo de la Reforma, avenida que Maximiliano y Carlota diseñaran para admirar y transitar desde el Castillo de Chapultepec y que Federer podía ver a través del ventanal de su habitación, decenas de personas cantaban el cielito lindo a su nueva majestad y lo vitoreaban en espera de un autógrafo o acaso un saludo. 

 ¿Qué momentos han sido los más trascendentes?

“En mi camino tengo muchos muy buenos momentos inolvidables, el mejor para mí fue cuando le gané a Pete Sampras en Wimbledon en 2001. También algunas victorias contra Djokovic y Rafa Nadal en Australia fueron muy especiales, así como   la medalla de oro en dobles en los Juegos Olímpicos en Beijing 2008 para mi país fue sumamente importante en mi carrera”.

¿Cuál el personaje que más admiras?

“Nelson Mandela, sin duda me hubiera gustado conocer, porque es un gran hombre, mi fundación tiene gran presencia en Sudáfrica, el problema es que no visité tanto Sudáfrica en los años en los que estuve como número uno del mundo, me arrepiento de no haberlo aprovechado”.

¿Te levantas y alguien escribe que eres el jugador más grande de la historia?

Desayunó unos sabrosos huevos rancheros, y reconoció que le han hablado me mucho de México, “quiero conocer la ciudad, los edificios, es impresionante”, se dijo como para sus adentros: “Me da mucho gusto que me consideren el mejor, nunca pensé que tendría tanto éxito. Pero uno sueña en estos términos.  Ahora es más fácil manejar las derrotas, cuando junior, antes lloraba cuando perdía, me frustraba y pataleaba, no me divertía la derrota; ganar siempre ha sido un catalizador que me impulsa y no quiero decir que ganar me afina todo, pero me mantiene en un estado feliz porque sacrificas mucho. Ahora tengo la oportunidad de tener un micrófono y les doy las gracias.” 

¿El momento más importante de tu carrera?

“Tal vez aquellos cuando rompí el récord de más torneos de Grand Slam, en Wimbledon se dice que soy el número uno, cuando gané 25 finales seguidas, muchas semifinales, la longevidad pensé que era imposible. Se me conocía por falta de constancia, que no iba a poder, me desmoronaba mentalmente: lo que más que enorgullece sin duda es la longevidad que tengo”.

¿Por qué has venido al bello puerto de Acapulco?

“Las fechas son complicadas, esas mismas fechas está Dubái donde tengo 15 años que voy, tengo casa ahí, tengo familia, llevo tantos años jugando allí, este año gané y estoy muy vinculado a ese torneo. Tal vez podré venir a algún torneo de exhibición en Acapulco, pero la fecha no va a cambiar y será muy complicado, me encantaría jugar ahí, pero uno no puede tenerlo todo”.

Federer sobrevoló la ciudad de México en helicóptero. El jugador más longevo del mundo ha roto un récord más, visitar cinco países en una semana y romper el récord de asistencia en un duelo tenístico al jugar ante 42 mil personas en la Monumental Plaza de Toros México, marcando un hito en la historia del tenis, pues fue el partido con mayor asistencia a nivel mundial. 

The Greatest Match

Mextenis, promotora del deporte blanco del país, fue la empresa organizadora del evento deportivo más importante por su trascendencia en el 2019: The Greatest Match, entre la leyenda Roger Federer y el alemán Alexander Zverev, que toma la estafeta y se perfila como uno de sus posibles sucesores. 

El magno evento abrió con un partido de dobles entre los hermanos estadounidenses Bob y Mike Bryan, otra leyenda viviente y que se retirarán el próximo año, ante los mexicanos Santiago González y Miguel Ángel Reyes-Varela, sobre una cancha de superficie dura que se instaló en La Monumental Plaza México, con capacidad de más de 42,000 espectadores.

El eterno impulsor del deporte blanco, Raúl Zurutuza, director de Mextenis, empresa organizadora del evento y responsable del Abierto Mexicano de Tenis y del Abierto Los Cabos. “Es un proyecto que nos propusimos hace mucho tiempo y hoy nos sentimos orgullosos de decir que Mextenis logró concretar este magno evento”.

“Zverev, con quien tenemos una gran relación debido a sus participaciones en Acapulco, es sin duda la mejor opción para enfrentarse a Roger Federer en este partido, un encuentro de experiencia contra la juventud: 36 años de Federer contra 22 de Zvererv”, señaló José Antonio Fernández, CCO de Mextenis y director del Abierto Los Cabos.

Después de mantener la corona como el No. l, casi por diez años, actualmente Federer se coloca en el No. 3 del ranking mundial. Ha logrado 102 títulos, 20 títulos de Grand Slam, es el máximo ganador, 28 títulos ATP, Masters 1000, 23 títulos ATP 500, 25 títulos ATP 250 y 6 conquistas en la Copa de Maestros ATP Final.

Acompañando a la leyenda suiza en un juego de exhibición memorable para 42 mil almas que se dieron cita en La Plaza México la audiencia de por Televisión a nivel mundial, estuvo el alemán Alexander Zverev, finalista de Acapulco en 2019 y señalado a ser una de las principales figuras del tenis en los próximos años gracias a los logros que ha obtenido en su joven carrera: 11 títulos, incluidos tres títulos ATP, Masters 1000 y una Copa de Maestros, ATP Final 2018.

Fotografías por: Ruth Gómez Monterrubio y Hector Leon

APASIONADO DEL BUEN VIVIR